¿Prensa asediada?
Por: Cecilia Orozco Tascón
Destacados periodistas y medios enfrentan una avalancha de denuncias penales y tutelas contra sus informaciones y opiniones. (Publica El Espectador)
Los jueces parecen blandos con los denunciantes y duros con la prensa. Alejandro Santos y Daniel Coronell, dos de los directores que más frecuentan los despachos judiciales, opinan sobre la ola de demandas, sus causas y efectos.
Las preguntas que respondieron los directores
1.- Los jueces de primera instancia parecieran estar hoy más dispuestos a sancionar a periodistas y medios ¿Qué explicación le da usted a ese hecho?
2.- Las personas cuestionadas suelen demandar para impedir que se divulguen sus casos pero antes no tenían tanto éxito judicial ¿Eso significa para usted que la libertad de información es más susceptible de afectar ahora?
3.- ¿Cree que las demandas judiciales, aún siendo legítimas, intentan generar desestímulos para que los medios publiquen menos denuncias o para que los periodistas se autocensuren?
4.- ¿Las acciones judiciales han surtido efecto intimidatorio entre sus reporteros que están más expuestos a sufrir retaliaciones?
5.- ¿Por cuáles motivos han dejado usted o su medio de publicar investigaciones?
6.- ¿Qué métodos ha modificado – en materia de procedimientos de trabajo y de verificación - a raíz del incremento de líos judiciales?
7.- La pugnacidad que hay en el poder público ¿Ha contaminado las relaciones de la prensa con las fuentes y las ha llevado también al ‘campo de batalla’?
8.- El Presidente y algunos ministros han calificado a ciertos periodistas como ‘colaboradores de la guerrilla’. En su opinión ¿Hay ‘casos de casos’ o rechaza esos cuestionamientos?
9.- La exasperación que producen las revelaciones periodísticas en ciertos sectores públicos ¿Tiene relación con los cambios que han sufrido las instituciones por la reelección presidencial o, a su juicio, entre un hecho y otro no existe ninguna conexión?
10.- Recientemente varios personajes han sostenido que los periodistas se exceden en “señalamientos” y que son irresponsables. ¿Cuál es su opinión al respecto?
11.- Los altos funcionarios pueden ejercer presiones más discretas y corteses que los sectores ilegales, pero suelen tener efectos intimidatorios similares ¿Está de acuerdo con esa afirmación?
12.- El procurador Ordóñez dijo que “la revista Semana tiene intereses de orden político” y que sus informaciones “deben analizarse de acuerdo con esos intereses" ¿Cuál es su percepción a esa afirmación?
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Alejandro Santos
“Hay jueces instrumentalizados por la politiquería”
1.- Por simple ignorancia sobre el alcance de la libertad de expresión en la democracia moderna.
Alejandro Santos, periodista
Foto: David Campuzano - El Espectador
Santos insiste: “La prensa es por naturaleza un contrapoder”.
Los jueces fallan en contra de la prensa, más por desconocimiento que por persecución. Por eso hace falta más pedagogía en las primeras instancias de la Rama Judicial sobre la jurisprudencia de la Corte Constitucional.
2.- Sí veo un asedio creciente a la prensa por la vía judicial. Como si las amenazas de la guerrilla, los paramilitares, los mafiosos y las presiones económicas fueran pocas, ahora los periodistas y columnistas tienen que defenderse de muchos jueces instrumentalizados por la politiquería.
3.- Las demandas judiciales tienen efectos diversos. En una parte de la prensa regional, valiente pero sin recursos, puede tener cierto efecto intimidatorio. Hay grandes medios a los que no les gusta meterse en problemas, así que una demanda es la mejor manera de disuadirlos. Pero en cuanto a la prensa que está dispuesta a investigar y denunciar, las acciones judiciales la impulsan a ser más rigurosa y responsable. Me parece positivo que la gente tenga a mano esos recursos para defenderse del poder de los medios.
4.- Es posible que ante la avalancha de demandas haya mucha preocupación en las redacciones y eso genere presión en los reporteros. Esa presión es buena, si obliga a los periodistas a ser más cuidadosos con la información. Y es muy mala si los lleva a autocensurarse. Por eso los directores de medios deben ser muy claros en sus directrices y vigilar que se cumplan.
5.- Cuando nos hemos abstenido de publicar algunos temas ha sido por motivos de rigor, ética o responsabilidad: falta de pruebas, intromisión en la vida privada, etc. Ni siquiera en momentos de fuertes amenazas hemos dejado de revelar investigaciones. Tengo que reconocer que en Colombia hay libertad de prensa. El problema de los recortes a la libertad no está en Bogotá, sino en el Caquetá, Arauca, Urabá, el Catatumbo.
6.- En Semana no hemos cambiado ni los métodos de investigación ni las políticas editoriales. El problema con las demandas a los medios no son las personas que las interponen y creo que tienen todo el derecho, aunque muchas veces sean bandidos. El problema se genera por los fallos absurdos de jueces, fallos que sí coartan la libertad de prensa.
7.- En momentos de polarización como el que vive Colombia se acentúan las tensiones y todo el mundo busca manipular a los medios para imponer su propia agenda. Las fuentes, ya sean del Gobierno, de las ONG, del Congreso, de la Rama Judicial, del sector privado, de la comunidad internacional y hasta del bajo mundo, siempre tratan de que les publiquen ‘su’ verdad. El deber del periodista es impedir que le metan los dedos en la boca.
8.- El discurso maniqueísta le ha hecho un gran daño al país. No puede ser que en pleno Siglo XXI la prensa se perciba como subversiva y la oposición política como peligrosa. La crítica, el debate, la dialéctica, el respeto por la diferencia, son los que hacen fuerte la democracia.
9.- La expresión libre de la prensa es una de las herencias más privilegiadas de una democracia duradera. Con el cambio de las reglas de juego en favor de un individuo, se da al traste con ese espíritu y se amenaza la estabilidad institucional, la separación de poderes y el sistema de pesos y contrapesos. Y como se ha visto a lo largo del continente, se amenaza, por supuesto, la libertad de expresión. Una prensa seria no puede estar a favor de la segunda reelección del presidente Uribe.
10.- La prensa es por naturaleza un contrapoder. Y ese brazo fiscalizador de los medios que denuncia la parapolítica, que destapa las roscas en la justicia, que saca a la luz las reuniones del alto gobierno con personajes oscuros, que revela los escándalos del DAS o del Congreso, no les gusta a los poderes. Lo normal es que un político diga que un periodista es irresponsable. El día que los políticos nos elogien, se acabará la libertad de prensa.
11.- El problema para la libertad de prensa en Colombia no es el de los altos funcionarios del Estado. Hay que decir que las salidas de casillas y los insultos del Presidente contra varios periodistas no ayudan, pero el verdadero problema, como lo dije antes, es que la prensa de provincia está intimidada, presionada y autocensurada. Intimidada por las amenazas, presionada porque no cuenta con independencia económica para no dejarse manosear de las mafias locales de políticos y contratistas, y autocensurada, porque muchas veces le toca presenciar las historias más escalofriantes y callar por miedo.
12.- Los lunes, cuando Semana publica una investigación de denuncia, un escándalo o asume posiciones editoriales fuertes, los involucrados siempre atacan. A veces, éstos dicen que se trata de una persecución política, o que los medios son irresponsables o injustos. Esta vez, el Procurador dijo que Semana “tiene intereses políticos”. Frente a las otras reacciones que hemos padecido en los últimos tiempos, la del doctor Ordóñez parece ser una posición más bien cariñosa.
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Daniel Coronell
“Seguiré publicando todo aquello que pueda demostrar”
1.– Primero hay que decir que en el trabajo informativo o de opinión, nadie está exento de cometer errores por riguroso que sea. Cuando el periodista se equivoca debe reconocerlo de manera pública.
Daniel Coronell Coronell revela: “De cada diez casos que investigamos, sólo dos salen al aire”.
Cosa distinta sucede cuando algunos tratan de hacer rectificar informaciones verdaderas, violentar las leyes o corregir lo que jamás se ha dicho. En ocasiones esas personas logran su cometido usando influencias sobre algunos operadores judiciales y esto se presenta con más frecuencia en las primeras instancias.
2.– Si existen garantías de justicia imparcial, no hay que temer a los procesos. Lo grave es enfrentarse a personajes influyentes en determinados despachos o en ciertas regiones.
3.– Sí. Por ejemplo, el magistrado José Alfredo Escobar Araújo ha buscado a través de múltiples pleitos que los periodistas no mencionen sus relaciones con Giorgio Sale y ha puesto en marcha una gigantesca estrategia de intimidación judicial. Es inconcebible que un miembro del tribunal que administra la carrera de los jueces, alegue que acude a los estrados como si se tratara de cualquier otro ciudadano.
4.– Claro que la presión se nota y a veces se vuelve un escudo para los involucrados. Frente a esa realidad, la salida es la de investigar más hasta obtener notas invencibles. Pese a esto, hay que contar con que se van a seguirse presentando demandas.
5.– De cada diez casos que investigamos, únicamente dos salen al aire. Unos, porque tenemos alguna duda, por mínima que sea, al final de la investigación. Otros, porque aún estando probados, no revisten interés general y otros pocos, porque a pesar de tener plena certeza sobre ellos, están cimentados exclusivamente en fuentes no revelables y no disponemos de sustento adicional para hacerle frente a eventuales contiendas.
6.– Hemos extremado los métodos de siempre: verificar cada dato de una investigación, no creer en nadie (un viejo maestro del periodismo de investigación decía: “Si su mamá le dice que lo quiere, verifíquelo”); no publicar informaciones basadas en una sola fuente y hacer un ejercicio de corroboración ácida, que consiste en que un miembro experimentado de la redacción haga el papel de “abogado del diablo” para controvertir la noticia. Si pasa esas pruebas, la publicamos. Aún así, nos equivocamos. No es frecuente, pero ocurre.
7.– Hablemos claro. Específicamente, el presidente Uribe ha tratado de subordinar la prensa. Funcionarios cercanos a él creen que pueden convertir el acceso a la información en una vara de premios que ellos administran para favorecer a unos periodistas y castigar a otros. Incluso suponen que tienen la facultad de recriminar a los reporteros que se atreven a hacerle preguntas incómodas al jefe. El periodismo en este gobierno y en cualquier otro debe ser un contrapoder para ser independiente. Los mandatarios demócratas entienden que, aunque no les guste, esa labor es un derecho y un deber democrático y no una agresión personal.
8.– Hasta ahora no hay un caso probado, por lo cual me parece que es una afirmación ligera hecha al amparo del inmenso poder presidencial. Este gobierno tiende a confundir, con malicia, el acceso a las fuentes de información con la simpatía con los grupos guerrilleros. Curiosamente no dicen lo mismo sobre periodistas que han tenido acceso a fuentes paramilitares. No se puede criminalizar la reportería del conflicto, ni condenarla a reproducir la propaganda oficial como fuente única.
9.– Sin duda todo está relacionado. El desmesurado crecimiento del poder presidencial es un peligro para la democracia y la más genuina expresión de la democracia es la libertad de información y opinión. Tenemos que hacer un esfuerzo grande para que más colombianos comprendan que cuando se habla de esa libertad, no se están defendiendo los derechos de unos periodistas sino, esencialmente, el derecho de los ciudadanos a saber lo que está pasando en los centros donde se toman decisiones que los afectan. Los medios deberían informar prioritariamente desde la perspectiva de los gobernados, no desde la visión de los gobernantes. Sé perfectamente que decir eso no es popular en estos días pero no por eso deja de ser cierto.
10.– Los dignatarios tienen todo el derecho a expresar sus opiniones y los periodistas el deber de divulgar todo aquello que sea de interés público aunque resulte incómodo para los poderosos. Por ejemplo, el presidente de la Corte Constitucional, el magistrado Nilson Pinilla, preferiría que se omitieran aspectos del clientelismo político y judicial que se viene adelantando desde la Procuraduría General, pero en lo que a mí concierne, seguiré publicando todo aquello que pueda demostrar.
11.– Formalmente hay libertades. Sin embargo, más allá de la letra, los periodistas enfrentamos grandes limitaciones en Colombia. Las amenazas y las presiones políticas y económicas son pan de cada día en muchas redacciones.
12.– Cuando los funcionarios se quedan sin respuestas, apelan a la estrategia de cubrir de sospechas a quien hace las preguntas. Le ha pasado a Semana y a casi todos los medios de comunicación en algún momento, y Noticias Uno no es la excepción. Creo que la mejor contestación es el propio ejercicio periodístico. Por ejemplo, el señor Velásquez, secretario de prensa presidencial y uno de nuestros grandes perseguidores, sabe que en el vergonzoso episodio de Job y la “Casa de Nari”, Noticias Uno encontró una información que favorecía su versión y la publicó con gran difusión. Desde luego no esperamos que nos dé las gracias por cumplir con nuestro deber. Seguiremos haciéndolo cuando les guste y también cuando les disguste.
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