El caso de Claudia López y El Tiempo

Presentamos aquí la columna, editorial y primeras reacciones a la "exclusión" de Claudia López de las páginas editoriales de El Tiempo.
La columna
Reflexiones sobre un escándalo
Por Claudia López
Se preguntaba Rudolf Hommes en su columna de la semana pasada por qué unos temas se vuelven escándalos y otros no. Sugería que se requiere que el grueso del público tome conciencia y que haya un instigador. El cubrimiento que EL TIEMPO le dio al escándalo de Agro Ingreso Seguro (AIS) ofrece una oportunidad para reflexionar al respecto.

A diferencia de los demás medios escritos, EL TIEMPO no profundizó sobre el programa AIS sino sobre los efectos políticos del escándalo. Tomar ese ángulo era una decisión periodística válida dado que sus socios de la revista Cambio ya habían hecho el resto del trabajo. Sin embargo, más que un cubrimiento, lo que hizo EL TIEMPO fue una fabricación inducida para apoyar su interpretación deseada de los efectos políticos del escándalo.

La fabricación sesgada empezó con una pregunta en un foro en el tiempo.com, siguió con una nota que destacaba lo dicho por los foristas y concluyó con un supuesto artículo de análisis. En el foro se indagó a los foristas si creían que Arias debía renunciar por el escándalo de AIS. No sobra recordar que a EL TIEMPO nunca se le ocurrió preguntarles a sus foristas si Juan Manuel Santos debía renunciar por el escándalo de los 'falsos positivos'. En el caso de Arias sí se le ocurrió. Culminado el foro, publicaron una nota titulada 'Indignación y rechazo genera Andrés F. Arias por caso de Agro Ingreso entre lectores de eltiempo.com', en la que destacaban que "la mayoría de usuarios le pide al ex ministro que renuncie a su precandidatura" y que "hubo muy pocos que defendieron a Arias". Luego del foro inducido y la nota destacada, remataron con un artículo cuyo título sentenciaba: 'Andrés Felipe Arias sale debilitado y Juan Manuel Santos logra ventaja en medio del escándalo de AIS'.

Es obvio que Arias sale debilitado, pero no es nada obvio que la consecuencia sea que Santos "logra ventaja". EL TIEMPO asegura que el traspié de Arias "llevó a Juan Manuel Santos a convertirse en un ganador neto esta semana". ¿De dónde saca EL TIEMPO que el espacio perdido por Arias fue ganado por Santos? ¿Hicieron una encuesta? No, pero a falta de encuesta el periódico usó su foro para lanzar la pregunta, inducir la respuesta y construir de allí sus conclusiones.

Aunque Arias no está compitiendo con Santos, sino con Noemí dentro de la consulta conservadora, el supuesto análisis ni siquiera menciona que una de las posibles ganadoras del desliz de Arias es Noemí. Además, el análisis se inventa un hecho para reforzar su argumento. Afirma que una de las razones por las cuales el fortalecido es Santos es que "los conservadores, además, tienen que someterse a una consulta interna para buscar su candidato, mientras 'la U' ya lo tiene: Santos". 'La U' no ha escogido candidato presidencial. Lo único que le han ofrecido a Santos en la U es la jefatura del partido, no la candidatura presidencial. 'La U' es el promotor del referendo reeleccionista y si es aprobado es de esperarse que sea Uribe, no Santos, el candidato presidencial de 'la U'. Supongo que esos hechos dañaban el "enfoque del análisis" y por eso fueron desechados.

"No será fácil que Noemí merezca el respaldo de Uribe, después de que ella lo ha acusado de 'comprar' el referendo y amenazado con 'derrotarlo' en las urnas." Esta frase, casi transcrita de declaraciones de Santos, trata de presentar como periodística la versión de Santos de que él, a diferencia de Noemí, no es un traidor ni quiere derrotar a Uribe. Cualquiera que conozca medianamente la carrera de Santos sabe que cambiar de bando ha sido la constante de su ascenso político, al igual que de Noemí, y cualquiera entiende que ambos quieren suceder a Uribe; sólo que Santos quiere hacerlo sin que parezca una traición, agrego yo.

La calidad periodística de EL TIEMPO está cada vez más comprometida por el creciente conflicto de interés entre sus propósitos comerciales (ganarse el tercer canal) y políticos (cubrir al Gobierno que otorga el canal y a su socio en campaña) y sus deberes periodísticos. Este tipo de cubrimientos sesgados en nada contribuyen a resolver periodísticamente ese conflicto; lo único que logran es evidenciarlo.

N. de la D.: EL TIEMPO rechaza por falsas, malintencionadas y calumniosas las afirmaciones de Claudia López. La Dirección de este diario entiende su descalificación de nuestro trabajo periodístico como una carta de renuncia, que acepta de manera inmediata.
Claudia López

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El Editorial de El Tiempo
Razones de una decisión

Una decisión dolorosa, pero al mismo tiempo firme e irrevocable, fue la tomada por la dirección de EL TIEMPO con respecto al retiro de las páginas de opinión de la columnista Claudia López, quien había colaborado con este diario desde hacía cerca de 30 meses. Sobre lo sucedido es necesario hacer varias reflexiones y consideraciones, pues es indispensable que el público comprenda los motivos de una determinación drástica, que está, en nuestro entender, plenamente justificada. Haber respondido con el silencio, o una imposible actitud flexible, equivaldría a aceptar como verdaderas, afirmaciones que son a la vez mentirosas y temerarias.

Para comenzar, es necesario decir que cualquier lector, sea columnista o no, está en su pleno derecho de compartir, rechazar o criticar el cubrimiento informativo que hace EL TIEMPO de la realidad colombiana o internacional. La divulgación de las cartas y comentarios del público, tanto en la edición impresa como en las páginas de Internet, es prueba de ello. Pero esa potestad no puede confundirse, en el caso de los colaboradores del periódico, con una patente de corso para poner en tela de juicio los principios éticos y la honorabilidad de los periodistas que trabajan en este diario. Para decirlo con toda claridad, en este matutino no se "fabrican" o "inducen" noticias, ni se condiciona el cubrimiento de las mismas a intereses políticos o económicos.

En el caso concreto del escándalo relacionado con el programa Agro, Ingreso Seguro, destapado por la revista Cambio -propiedad de esta Casa Editorial-, el periódico ha hecho un seguimiento en profundidad, que comprende no menos de 45 escritos sobre el tema, incluyendo un editorial publicado el pasado 2 de octubre. En este, EL TIEMPO expresó su preocupación por lo sucedido y exigió claridad sobre unos hechos que cada vez más dejan en claro un preocupante entramado de corrupción y favoritismos.

Por otra parte, sabemos que el protagonismo público de algunos miembros de la familia Santos -accionistas minoritarios de la Casa Editorial EL TIEMPO- o los intereses legítimos que sobre el tercer canal de televisión tiene el socio mayoritario -el Grupo Planeta- son utilizados para construir absurdas interpretaciones sobre las noticias que publicamos. Algunas son fruto de las suspicacias exageradas, tan propias de la idiosincrasia nacional. Otras son producto de malas intenciones y de intereses empeñados en hacer daño. Pero el mandato inequívoco que tienen nuestros reporteros y redactores es el de siempre: subordinar todas las consideraciones a los principios esenciales del periodismo profesional, riguroso, equilibrado y preciso.

De tal manera, una cosa es el derecho a la libertad de expresión, que EL TIEMPO ha respetado y defendido en forma indeclinable a lo largo de sus casi 100 años de existencia, y otra es el deber de sus columnistas de abstenerse de hacer acusaciones o descalificaciones sin fundamento. Como otros diarios nacionales, este ha sido víctima de presiones, amenazas, censura e incluso el cierre durante las épocas aciagas de la dictadura. Pero pocas veces en su historia se nos había hecho un cuestionamiento moral de semejante envergadura. Como el mismo es absolutamente mentiroso y agraviante, hicimos lo que consideramos apropiado: publicar el escrito, pero con la convicción de que las afirmaciones contenidas en este constituían un rompimiento irreparable entre medio y columnista.

Superado el enojoso episodio, podemos decir que los lectores de EL TIEMPO seguirán encontrando en estas páginas las características y valores con los que se ha ganado su aprecio y credibilidad. Son estos, los de pluralismo, seriedad y profesionalismo, los que lo convirtieron en el primer diario de Colombia y en uno de los principales de América Latina. Los mismos, además, que han sido un aporte para la consolidación de la democracia y para combatir tanto las posiciones sectarias de cualquier bando, como los abusos de poder.

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¿‘El Tiempo’ se desnuda?
Por: Cecilia Orozco Tascón
Quisiera crerr que expulsión pública de la destacada columnista Claudia López, de El Tiempo, fue sólo un acto acalorado de soberbia y no uno típico de censura de la opinión.
La gravedad de la decisión de echar a López (a nadie engañan con el cuento de que el desacuerdo con un trabajo periodístico del medio donde uno escribe equivale a una “renuncia”), es más preocupante porque el ejecutor de la represión es el diario que preside, en cabeza de uno de sus socios, la Sociedad Interamericana de Prensa, encargada de vigilar que se cumpla el derecho a la libre expresión en el continente. Se podrá reparar en que el tema que tocó la analista, a saber, el cubrimiento de una información que favorecía los intereses políticos de Juan Manuel Santos, otro de los socios de El Tiempo, y los intereses económicos del grupo Planeta, nuevo dueño mayoritario del conglomerado, era demasiado sensible.

Pequeña anécdota de contraposición: cuando por honrosa designación del periódico me desempeñé como Defensora del Lector, sostuve un fuerte debate público con Santos. Entonces me referí a lo que juzgué como una influencia perniciosa del ahora candidato presidencial en el contenido informativo del diario. En el fondo, era un comentario similar al de López, aunque en diferentes circunstancias. Envié mi escrito al periódico, pero me hice la siguiente reflexión: si no lo publican, tendré que retirarme; si lo publican, también, por ser mi contradictor quien era. Al otro día mi comentario salió intacto. Fui donde los dos directores —Rafael y Enrique Santos— y renuncié para evitarles el lío que iban a tener con su primo y hermano. Para mi sorpresa, ambos estuvieron de acuerdo en apoyar mi continuidad y seguí siendo la Defensora sin ninguna consecuencia.

La situación ha cambiado y su director actual está en una disyuntiva muy difícil entre su importante posición profesional y su conciencia. No entraré en ese terreno tan personal, pero sí reitero que al diario se le critica, no tanto el cruce de sus intereses con los de Juan Manuel Santos, que sería fácil de solucionar, sino el conflicto entre los de Planeta —entre otros, su aspiración a que el Gobierno le adjudique un canal de televisión— y su obligación constitucional de informar verazmente a los colombianos. Para mayor lástima, la intolerancia ha tenido ya algunas manifestaciones y la echada de López es sólo la más notoria. Hace un par de meses, por ejemplo, un comentario de María Jimena Duzán, en Semana, parecido al de López, mereció una fea descalificación pública de El Tiempo. En contraste, el periódico adopta una actitud de complacencia, casi rayana en la irresponsabilidad, con los columnistas de la orilla ideológica afín al Gobierno y a Planeta. No sé si será mera coincidencia la inclusión privilegiada en las páginas de las que hoy se expulsa a Claudia López, del ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria, simultánea con la toma de control del diario por el grupo español. Tampoco sé si la casualidad llega hasta el punto de que se hiciera realidad el deseo de JOG, quien “opinó” hace poco que era mejor poner en el lugar de Claudia López a un desconocido comentarista de la línea uribista. En próximos días nos enteraremos si esta parte de su voluntad también se cumple. No le falta razón a Rudolf Hommes, otro valioso columnista de ese diario, cuando aludiendo a la expulsión de López, habló de una “provocación” para quienes allí escriben. Tal vez el desnudo de El Tiempo, como muestra de la conducta antidemocrática imperante, sea lo único bueno que tiene esta enorme equivocación.

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