El cierre de Cambio

Publicamos aquí algunas reacciones, artículos y pronunciamientos en torno al abrupto cierre de la revista Cambio.
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Indignación por cierre de revista Cambio
Por Hernando Salazar
BBC Mundo, Colombia

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El cierre de la revista colombiana Cambio –anunciado inesperadamente hace pocos días por la Casa Editorial El Tiempo- se anticipó tres semanas, produjo indignación entre los periodistas y avivó el debate sobre la libertad de prensa en este país andino.

Algunos observadores señalan que la decisión podría tener relación con el hecho de que Cambio era un medio crítico con el gobierno del presidente Álvaro Uribe y a que la medida se adoptó en vísperas de un proceso electoral y de la adjudicación de un canal de televisión por parte del Estado, en un concurso en el que compite la Casa Editorial El Tiempo.

El Tiempo es el diaro más importante de Colombia, sufrió los rigores de la censura bajo el régimen militar del general Gustavo Rojas Pinilla (1954-1957) e incluso dejó de circular en esa época.

clic Lea también: Polémica por despido de columnista de El Tiempo

En la actualidad la Casa Editorial El Tiempo es controlada por el grupo Planeta y la familia Santos, de la que hacen parte el vicepresidente Francisco Santos y el ex ministro Juan Manuel Santos, mantiene un importante paquete accionario.
Críticas

La semana pasada, el presidente de la Casa Editorial, Luis Fernando Santos, anunció que la revista Cambio –fundada en 1994- dejaría de ser semanal, pasaría a ocuparse de temas más livianos y que su cúpula sería relevada.

"El modelo de negocio de las revistas informativas está en crisis en todas partes del mundo. Cambio no es la excepción, más aún al no ser líder en el mercado. Se decidió replantear el modelo por una publicación más de nicho, más enfocado a una audiencia diferente", explicó.

No fuimos idiotas útiles ni del poder político ni del poder privado

María Elvira Samper, editora general, despedida el martes

El anuncio fue ampliamente criticado en los medios. Uno de los columnistas más leídos del país, Antonio Caballero, de la revista Semana, elogió la revista por "valiente, informada e inteligente. Y , en consecuencia, incómoda para el poder".

No obstante la decisión, se había acordado que el director de la revista, Rodrigo Pardo, y la editora general, María Elvira Samper, trabajarían hasta finales de febrero, pero este lunes fueron notificados que debían dejar sus cargos inmediatamente y suspender la edición que estaban preparando.

clic Opine: ¿Libertad de expresión en jaque?

Ante el anuncio, Pardo y Samper fueron despedidos en medio de una salva de aplausos por decenas de periodistas y empleados de la Casa editorial El Tiempo, que improvisaron una calle de honor.

"Hubo besos, abrazos y lágrimas", le dijo una periodista del diario El Tiempo a BBC Mundo.

Y añadió: "Estamos muy tristes por el mensaje que significa el cierre de la revista para el periodismo colombiano".

"Creo que somos las únicas personas que hemos sido botadas (despedidas) dos veces del mismo sitio", relató, por su parte, María Elvira Samper, editora general.
Rodrigo Pardo, ex canciller y director de Cambio

El director, Rodrigo Pardo, y la editora iban a seguir en sus cargos hasta fin de mes, pero este martes les dijeron que debían salir.

Samper defendió su trabajo y dijo que "no fuimos idiotas útiles ni del poder político ni del poder privado".

Cambio había descubierto escándalos como el del otorgamiento de millonarios subsidios agrícolas a grandes empresarios.

"Era una piedra en el zapato, porque estaba destapando cosas muy feas del gobierno", le dijo a BBC Mundo la periodista Patricia Lara, primera propietaria de Cambio junto al español Juan Tomás de Salas.

Algunos críticos de medios, como Mario Morales, director de periodismo de la Universidad Javeriana de Bogotá, creen que los cambios en la revista "van en contravía del concepto de ciudadanía y del derecho que tiene la gente a recibir ese tipo de contenidos".

"(La decisión) es una censura velada que le quita a la audiencia la oportunidad de tener información de calidad que estaba dando la revista", declara Morales a BBC Mundo.

Javier Darío Restrepo, maestro de ética de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, le dijo a BBC Mundo que "es preocupante que la línea editorial tenga que seguir los intereses comerciales de los empresarios y que esa línea se esté dictando de acuerdo con los intereses del régimen".

Y mientras María Elvira Samper lamenta que la prensa deje de ser el "perro guardián del poder", el presidente de la junta directiva de la Fundación para la Libertad de Prensa, Ignacio Gómez, señala que la decisión sobre Cambio revela "una relación incestuosa entre el poder político y los medios de comunicación".

No dudo que muchas personas dirán que lo de Cambio fue para darle contentillo al Gobierno. No tiene nada que ver. Sencillamente el modelo del producto no funcionó

Luis Fernando Santos, presidente de Casa Editorial El Tiempo

Pero Luis Fernando Santos insiste en que todo obedeció a razones económicas.

"No dudo que muchas personas dirán que lo de Cambio fue para darle contentillo al Gobierno. No tiene nada que ver. Sencillamente el modelo del producto no funcionó", declaró en una entrevista publicada por el diario El Tiempo.

Sin embargo, Javier Darío Restrepo lamenta que las lógicas comerciales y económicas y comerciales terminen por imponerse sobre el servicio que los medios de comunicación deben prestarle a la sociedad.

La salida inesperada de los directivos se produjo en vísperas del día del periodista, que se celebra el 9 de febrero en Colombia y opacó la celebración, aunque la buena noticia corrió por cuenta de la absolución del columnista Alfredo Molano, del diario El Espectador, que estaba siendo juzgado por injuria.
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Denuncian que el cierre de la revista Cambio de Colombia obedeció a un plan de autocensura

La Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) manifestó su preocupación por el cierre de la revista colombiana Cambio, anunciado el pasado 3 de febrero por la Casa Editorial El Tiempo. Aunque la decisión, según explicó el grupo mediático, se debió a motivos económicos, los directores de la publicación semanal señalaron que las verdaderas razones de la clausura estuvieron relacionadas con la línea editorial. El director de la publicación, Rodrigo Pardo, aseguró que la decisión se debió a las fuertes denuncias de corrupción que en varias ocasiones habían afectado a funcionarios del Gobierno. “Resultaría más grave aún que la revista Cambio haya sido cerrada por los contenidos periodísticos que emitía y que, como lo denuncian sus directivos, se haya impedido la próxima edición por los temas que iban a ser publicados”, señala la Flip. Otra de las razones que esgrime la organización para sospechar por los motivos de cierre es la abrupta culminación de actividades. Informaciónn con Medios Latinos publicada en los diarios El Nacional (Venezuela) y La República (Perú).

El Nacional (Venezuela).

Flip manifiesta preocupación por cierre de la revista colombiana Cambio

Aunque la Casa Editorial El Tiempo esgrimió razones económicas para justificar la clausura del medio, los directores de contenidos de la publicación afirmaron que la decisión se tomó por la línea editorial de denuncia que la caracterizaba

La Fundación para la Libertad de Prensa, Flip, envió este miércoles un comunicado para manifestar su preocupación por el cierre de la revista Cambio, de Colombia, anunciada el pasado 3 de febrero de este año por la Casa Editorial El Tiempo.
Aunque la decisión, según explicó el grupo mediático, se debió a motivos económicos, los directores de la publicación semanal, señalaron que las verdaderas razones de la clausura estuvieron relacionadas con la línea editorial.
Rodrigo Pardo, director de Cambio, y María Elvira Samper, editora general, manifestaron que la decisión se debió a las fuertes denuncias de corrupción que en varias ocasiones habían afectado a funcionarios del gobierno.
"Resultaría más grave aún, que la revista Cambio haya sido cerrada por los contenidos periodísticos que emitía y que, como lo denuncian sus directivos, se haya impedido la próxima edición por los temas que iban a ser publicados", señala la misiva de la Flip.
Otra de las razones que esgrime la organización para sospechar por los motivos de cierre es la abrupta culminación de actividades.
Cuando se conoció el comunicado de la CEET, la casa editorial le notificó a Samper y Pardo que la revista culminaría labores a finales de febrero, por lo cual se debían realizar tres ediciones más.
Sin embargo, Samper informó a la Flip que cinco días después, los directivos cambiaron su decisión y anunciaron que la revista iba hasta esa semana y no circularía la edición que iba a salir el próximo jueves 11 de febrero.
La nueva decisión, dijo la editora, se debió a que el siguiente número de Cambio iba a estar dedicado al cierre de la revista y tendría varios artículos en los que trataban de evidenciar que había sido una decisión fundamentada en los contenidos periodísitcos.

http://www.el-nacional.com/www/site/p_contenido.php?q=nodo/122176/Medios%20bajo%20ataque/Flip-manifiesta-preocupaci%C3%B3n-por-cierre-de-la-revista-colombiana-Cambio

La República (Perú).

Cierran la revista Cambio

Indignación en colombia. era crítica al gobierno. Propietarios aducen la crisis, pero los periodistas aseguran que hay presiones e intereses personales.

El cierre de la revista colombiana Cambio –anunciado inesperadamente hace pocos días por la Casa Editorial El Tiempo– produjo indignación entre los periodistas y avivó el debate sobre la libertad de prensa en Colombia.
Algunos observadores señalan que la decisión podría tener relación con el hecho de que Cambio era un medio crítico con el gobierno de Álvaro Uribe y a que la medida se adoptó en vísperas de un proceso electoral y de la adjudicación de un canal de TV por parte del Estado, en un concurso en el que compite la Casa Editorial El Tiempo.
El Tiempo es el diario más importante de Colombia, sufrió los rigores de la censura bajo el régimen militar del general Gustavo Rojas Pinilla (1954-1957) e incluso dejó de circular en esa época.
En la actualidad, la Casa Editorial El Tiempo es controlada por el grupo Planeta y la familia Santos, de la que hacen parte el vicepresidente Francisco Santos y el ex ministro Juan Manuel Santos, mantiene un paquete accionario.
La semana pasada, el presidente de la Casa Editorial, Luis Fernando Santos, anunció que la revista Cambio –fundada en 1994– dejaría de ser semanal, pasaría a ocuparse de temas más livianos y que su cúpula sería relevada.
“El modelo de negocio de las revistas informativas está en crisis en todas partes del mundo. Cambio no es la excepción, más aún al no ser líder en el mercado. Se decidió replantear el modelo por una publicación más de nicho enfocado a una audiencia diferente”, explicó.
El anuncio fue criticado en los medios. Uno de los columnistas más leídos del país, Antonio Caballero, de la revista Semana, elogió la revista por “valiente, informada e inteligente. Y , en consecuencia, incómoda para el poder”.

El dato

¿Feliz día?. Cambio había descubierto escándalos, como el otorgamiento de millonarios subsidios agrícolas a grandes empresarios. “Era una piedra en el zapato, porque estaba destapando cosas muy feas del gobierno”, dijo la periodista Patricia Lara, primera propietaria de Cambio junto al español Juan Tomás de Salas. La noticia se produjo en vísperas del Día del Periodista en Colombia.

http://www.larepublica.pe/archive/all/larepublica/20100211/16/node/249391/todos/10

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'Cambio' radical
Por Maria Jimena Duzán
El periodismo que investiga, que hace preguntas y no se somete, es una amenaza para el Estado de Opinión que nos quieren imponer
Quien sepa de política y conozca la ambición de poder de Juan Manuel Santos sabe que esa pos de ferviente partidario de la re-reelección del presidente Uribe con que reapareció esta semana en Palacio es una farsa mediática y que en la penumbra de las mesas de póquer, que es donde él realmente se siente a gusto, debe estar cruzando los dedos para que la Corte Constitucional acoja la ponencia negativa presentada por el magistrado Sierra Porto. Pero no sólo está mintiendo Juan Manuel Santos. También lo hace su hermano Luis Fernando, cuando en representación de El Tiempo, sale a decir a los medios que el cierre de la revista Cambio se debió a que el semanario estaba dando pérdidas. Y que como ellos no eran ninguna hermanita de la caridad, habían tenido que tomar esa difícil decisión con la cabeza y no con el corazón.

Quienes trabajamos en los medios de comunicación sabemos que las razones que pesaron no fueron no sólo las económicas y que el cierre de Cambio tuvo que ver más con los callos que pisaron sus investigaciones periodísticas y sus denuncias que con la falta de pauta. Y que la salida estrepitosa de Rodrigo Pardo y de María Elvira Samper de la planta de El Tiempo tuvo que ver con el hecho de que se trataba de dos plumas independientes y serias que no se ajustaban a los nuevos estándares de periodismo impuestos por el Grupo Planeta, más interesado en darles gusto a las audiencias –“oír la voz del pueblo” se diría desde el estado de opinión– que en ejercer un periodismo basado en la búsqueda de la verdad.

Lo único cierto en medio de tantas mentiras es que el periodismo independiente que se hizo desde la revista Cambio nunca les gustó ni a los Santos ni a los españoles. Juan Manuel llegó a tildar a la revista de “idiota útil de las Farc”, por cuenta de una carátula en la que la Fundación Arco Iris hacía un balance crítico sobre la seguridad democrática. José Obdulio Gaviria, cuya cercanía con Uribe es hoy tan estrecha como la que tiene con el Grupo Planeta, tenía desde hace rato entre ojos la labor periodística que ejercía Rodrigo Pardo como director de Cambio. En sus columnas, que yo leo como si fueran una bola de cristal porque nos predicen desde lo que va a ocurrir en el seno del uribismo hasta cuál va a ser el próximo periodista o columnista que va a salir del periódico como pepa de guama, José Obdulio había graduado al director de Cambio como jefe de la Bigornia –que, dicho en lenguaje coloquial, vendría a ser como el jefe de la cuadrilla de facinerosos–; una entelequia que él se inventó para tratar de desvirtuar los pocos medios que en este país todavía dedican sus esfuerzos a investigar y a exponer los abusos de poder que se cometen.

Hoy José Obdulio debe estar frotándose las manos, contento de su triunfo y satisfecho de haber podido entregarles en bandeja de plata la cabeza del jefe de la bigornia a sus superiores. Al igual que lo debe estar Juan Manuel Santos, quien ya no va a tener el pereque de lidiar con una revista que nunca se dejó intimidar por su nombre ni por su apellido, investigando si los falsos positivos fueron o no una política sistemática, o destapando nuevos episodios de escándalos como el de Agro Ingreso Seguro; una denuncia que tiene en aprietos a su pupilo Andrés Felipe Arias, con quien Juan Manuel Santos anda tramando la toma del Partido Conservador por vías non sanctas.

Otros que deben estar de plácemes con el cierre de Cambio son los españoles dueños de El Tiempo. Queda claro que a ellos no les interesa que sus medios anden hurgando por ahí como roedores buscando escándalos debajo de las piedras cuando está de por medio su aspiración de ser el adjudicatario del tercer canal. Queda claro también que el periodismo que ellos quieren imponer es el que piden las audiencias. Hace tres años, en una entrevista que concedió a El Tiempo José Manuel Lara, dueño del Grupo Planeta, dejó muy claro que su concepto de periodismo era lo más parecido al Estado de opinión de Uribe: “Hoy el editor es aquel que va a preguntarle a la gente que quiere leer y después busca al especialista serio que lo haga”, dijo en esa oportunidad. En otras palabras, que el periodista debe escribir sobre lo que el pueblo quiere oír y no sobre los hechos que se producen.

Mientras todos ellos festejan su victoria, el periodismo y la democracia colombiana reciben uno de los golpes más duros en su historia reciente. Con el cierre de Cambio no sólo se acalla una voz que estaba desnudando verdades que han empezado a minar la popularidad del presidente Uribe. También se pone de presente que el periodismo que investiga, que hace preguntas y que no se somete a escribir lo que quieren las audiencias es una amenaza para el Estado de opinión que nos quieren imponer. Muchos dirán que eso no es censura, ¿será que es autocensura?
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MEDIOS Y PODERr
Por: Arlene B. Tickner
El insólito cierre —por su forma y su fondo— de la revista Cambio invita a una reflexión más amplia sobre las implicaciones políticas de la concentración de la propiedad de los medios de comunicación alrededor del mundo. (Publica El EspectadorpUBLICA eL eSPECTADOR)
En la década de los ochenta éstos sufrieron una profunda transformación a raíz de la globalización neoliberal y la desregulación de las fuerzas del mercado, consistente en la expansión, la diversificación y la internacionalización, y el uso de las fusiones y adquisiciones como vehículo para consolidar ganancias y reducir el riesgo. En el caso de Estados Unidos, mientras que en 1983 unas 50 compañías eran dueñas de la mayoría de los medios masivos, para 1990 esta cifra se había reducido a 23, descendiendo a tan sólo 5 en 2004.

Los “carteles mediáticos” resultantes de este proceso —que se han convertido en el modelo dominante de organización de los medios en el mundo— se caracterizan por el lucro como objetivo principal, con lo cual todo, incluyendo el periodismo, debe ser entretenido; la integración vertical y horizontal, es decir, el control sobre la totalidad de la cadena productiva de múltiples industrias culturales (editoriales, cine, radio, prensa, TV, cable, internet) que antes eran separadas; y la concentración de la propiedad.

A pesar de que los medios han sido descritos como una fuerza democratizadora dentro de la sociedad en tanto defensores de la libertad de expresión, la transparencia y el interés público, su cartelización distorsiona la democracia de múltiples formas, comenzando por el hecho de que la concentración del poder privado sobre ellos reduce su independencia, así como la existencia de distintas lecturas sobre la realidad. Con el agravante de que lo que se presenta como noticia o no, y la forma de presentarla, depende de la doble necesidad de entretener y seducir al público y de no ofender a los intereses corporativos —de cuya publicidad viven los medios— ni a los gobiernos que patrocinan a estos últimos.

La afirmación de que los dueños de los medios hacen política, no sólo ganancias, se ilustra con un caso aberrante pero representativo de esta tendencia. El de Silvio Berlusconi. El primer ministro italiano no sólo llegó al poder gracias a su dominio sobre un imperio mediático masivo, sino que una vez allí, impuso una fórmula noticiosa que toda cadena estatal de TV debía seguir, en la cual el punto de vista del Gobierno se privilegiaba. Con el resultado de que, además de socavar la objetividad y la autonomía de los medios en Italia, Berlusconi logró ocupar un 50% del tiempo al aire de las cadenas estatales, versus un 20% para la oposición.

En resumen, el poder económico y político a disposición de los dueños de los medios de comunicación se ejerce sesgadamente, como el de cualquier otra empresa, en función de sus intereses y los de sus patrocinadores. Aunque consumidores, accionistas menores y periodistas pueden limitar ese poder mediante la creación de pequeños nichos “críticos”, no controlan su rumbo general.

Lo cual nos trae al caso de Cambio, que ocupaba este importante papel dentro de la CEET. Sería ingenuo desconocer que Planeta, como cualquier cartel mediático, también hace política para asegurar sus ganancias. ¡Pero a qué costo para la democracia!

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Mordaza planetaria
Por: Aura Lucía Mera
LAS RAZONES DADAS POR LA CASA Editorial El Tiempo, léase Planeta, en torno a la clausura de la revista Cambio no se las cree ni el más subdotado de los lectores. (Publica El Espectador)

Personalmente creo que es no solamente una vergüenza para el periodismo colombiano, sino un precedente gravísimo y de impredecibles repercusiones esta “cerrada” súbita y fuera de contexto de una de las pocas revistas independientes y serias con que contábamos los lectores nacionales. Queda Semana. Ojalá no sucumba ante este régimen, cada vez más facho, opusdeisiano, retrógrado y dictatorial.

La verdad monda y lironda, y no hay que ser un genio para saberlo, es que tanto María Elvira Samper como Rodrigo Pardo resultaban demasiado incómodos para los dueños del balón, léase El Tiempo con José Obdulio a la cabeza y el Grupo Planeta de ultraderecha y arrodillado a los caprichos del Ubérrimo y compañía, para lograr la fruta deseada: el tercer canal de televisión. Es una vergüenza que un país que hasta hace poco se ufanaba de sus libertades democráticas, entre ellas la más sagrada de todas como la libertad de expresión, se permita, ante la indiferencia general, capar, por decirlo de forma suave, a dos de sus periodistas más importantes. Importantes por su independencia de opinión, por su valor al destapar ollas podridas, por su integridad y profesionalidad en este oficio donde muchos son solamente sacamicas del gobierno de turno y no se atreven a tener una idea, y si la tienen jamás la escriben por pavor a que les muevan el asiento.

Cambio destapó los escándalos de Uribito y sus secuaces cuando ejercían en el Ministerio de Agricultura. Destapó las andanzas grotescas del hermano del Ministro del Interior. Destapó las componendas tras la entrega de bases colombianas a Norteamérica. Cada jueves el equipo periodístico armado de coraje y sin temores nos entregaba noticias que iban más allá de lo convencional y ayudaban a destapar entuertos y a estar alertas en este carrusel de corrupción y maniobras inconfesables en el que nos hemos acostumbrado a vivir.

Es mentira que “la verdad os hará libres”. Aquí en Colombia decir la verdad tiene un precio muy alto. Muchos periodistas mueren, otros callan o se exilian porque sus familias corren peligro. Otros se ven arrojados al asfalto porque de un momento a otro los intereses creados de sus propietarios son más poderosos que todo, y la ley del silencio o la alcahuetería se imponen por encima de cualquier opinión. La mordaza, en este caso Planetaria, ha sentado sus garras en nuestro país.

Me gustaría saber, simplemente por mera curiosidad, sin ánimo de polémica, sin pensamientos atravesados ni oscuras intenciones, me gustaría saber si periodistas de la talla de Daniel Samper, Roberto Pombo, Enrique Santos, que siempre se han considerado defensores a rajatabla de la libertad de expresión, se van a pronunciar ante este atropello, van a sentar su voz de protesta, o se van a quedar sentados en sus cubículos haciéndoles la reverencia a los nuevos dueños del poder. Me gustaría saber. No más. Para saber de una vez por todas quiénes somos, cuántos somos, en qué estamos y cuántos quedamos. Mera curiosidad. Ojalá Tomás Eloy Martínez todavía no se haya enterado de este atropello en su nueva dimensión. Se revolcaría del dolor.

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