"¿Nos dijo Kapuscinski toda la verdad?"
Por Julio Villanueva Chang
La primera biografía del gran cronista y escritor ha armado un gran revuelo en Polonia, donde su viuda intentó sin éxito parar su publicación. El libro pone en duda la veracidad de algunos textos y declaraciones del autor de 'Imperio'
A Ryszard Kapuscinski la entrevista le parecía un género despreciable. Se jactaba de nunca haber hecho una. Artur Domoslawski, el reportero de Gazeta Wyborcza que fuera su discípulo y amigo durante los últimos nueve años de su vida, cuenta que cuando Kapuscinski preparaba Imperio, su libro de viajes a la Unión Soviética, alguien le preguntó si quería entrevistar a Gorbachov. "¿Pero de qué voy a hablar con él? ¿De amor?", dijo. Creía que los políticos nunca le iban a decir la verdad y que no tenía sentido entrevistarlos. Pero a él sí le gustaba que lo entrevistaran. "Una vez me dijo con cierto orgullo que había concedido unas mil entrevistas", recuerda Domoslawski, quien ha titulado la biografía sobre su admirado amigo Kapuscinski non fiction.
"Kapuscinski colaboró con el espionaje de la Polonia comunista"
"Cruzó las fronteras de la ficción y vendió lo que hacía como periodismo"
"Se esforzó durante años en esconder cosas de su vida y crear una leyenda"
"Dejé de mirarle como a un mito y lo hice como a un ser humano"
El anuncio de su publicación ha desatado una guerra silenciosa: la viuda de Kapuscinski pidió al tribunal civil de Varsovia que impidiera su difusión. Domoslawski ha vivido los últimos días en el ojo de la tormenta. Ésta podría ser otra entrevista despreciable.
Pregunta. Cuando Kapuscinski murió, aparecieron textos que oscilaban entre la hagiografía y la denuncia póstuma. ¿Cómo escribió la biografía de un personaje que fue su mentor y amigo?
Respuesta. Intenté resolver una serie de preguntas clave para entender a Kapuscinski. Uno: ¿Cómo hizo su carrera de gran reportero en un sistema que no era democrático? ¿Era suficiente tener el talento de reportero y de escritor? ¿O era necesario tener otros talentos como el de un negociador político, el saber convivir con gente extraña y el de tener un buen olfato? Dos: ¿Cómo fue la vida privada de un hombre que creció en medio de una guerra y que después estuvo siempre de viaje? ¿Cómo fue el Kapuscinski hijo, padre, esposo y amante? Tres: ¿Nos dijo siempre toda la verdad de lo que había sucedido y de lo que había sido testigo? ¿O cruzó las fronteras de la ficción vendiendo lo que hacía como periodismo? Había varios temas polémicos por investigar: durante décadas, Kapuscinski creyó en el Partido Comunista de Polonia y construyó su carrera de escritor utilizando su posición privilegiada, no de un modo cínico sino como un creyente de verdad. También colaboró con el espionaje polaco mientras era corresponsal en América Latina y África.
P. ¿Cómo lo conoció?
R. Un día Kapuscinski se apareció en Gazeta Wyborcza y le pidió a mi jefe que nos presentara. Le había gustado un texto que yo había escrito sobre Colombia, acerca de las negociaciones entre las FARC y el presidente Pastrana. Al principio fue más una relación de discípulo-maestro. Pero en poco tiempo se convirtió en una verdadera relación entre dos amigos.
P. ¿Qué problemas de conciencia tuvo al escribir su biografía?
R. Cuando iba descubriendo cosas que aparecían como desfavorables a él, mi dilema era si dejar el trabajo o seguir. Con el tiempo, interioricé todo eso y empecé a dejar de mirar a Kapuscinski como un mito. Se trataba sólo de mirarlo como a un ser humano.
P. ¿Qué diría a quienes, antes de leer esta biografía, le han acusado de oportunista y traidor?
R. No acepto este tipo de acusación. Creo que quien lea mi libro se dará cuenta de que la biografía fue escrita con una enorme simpatía. Kapuscinski me fascina. En primer lugar, porque ayudó a un entendimiento universal de los mecanismos del poder. Kapuscinski no cree que el poder trate del progreso y del bien de la gente, cree que el poder trata sólo del poder, y punto. A pesar de toda su desilusión sobre las revoluciones que vio, fue un simpatizante de los cambios radicales. En segundo lugar, Kapuscinski nos propuso otra lectura sobre los desafíos del mundo de hoy desde la perspectiva de los excluidos: dio voz a los que nadie escucha y habló en nombre de ellos. Era un cronista y abogado de conflictos que nadie parecía advertir ni entender. Nunca compartió el entusiasmo por el capitalismo ni por las ideas de difundir la democracia entre los salvajes. La tercera gran contribución de Kapuscinski fue elevar el reportaje al nivel de la gran literatura. A veces hacía experimentos literarios peligrosos para el periodismo. Es complicado llamar "periodísticas" sus historias, pero en la mayoría de casos son gran literatura. Por eso fue candidato para el Premio Nobel. Su camino es a la vez un gran ejemplo y una gran advertencia: cruzar las fronteras entre los géneros de ficción y no ficción sirve sólo para los cronistas y escritores más honestos y talentosos.
P. ¿Cómo administró todos los rumores sobre él?
R. Verificaba uno por uno. Por ejemplo, se supone, por lo que escribió el mismo Kapuscinski, que se había salvado de ser fusilado en cuatro ocasiones. Hasta donde se sabía, él era el único testigo de lo que supuestamente le había sucedido. Según testimonios que encontré, en uno de esos casos, Kapuscinski no fue el único testigo. En la biografía, no puedo concluir que los otros tres casos en que Kapuscinski dijo que había estado a punto de ser fusilado tampoco fueran verdad porque en estos él fue el único testigo. ¿Era un cobarde para viajar a lugares peligrosos? No. Kapuscinski pasó muchos años viviendo en lugares en los que arriesgaba su vida. Pero también sabía que parte de la literatura son los mitos y leyendas, y que el imaginario del mundo intelectual está repleto de estos sobre escritores. Él se esforzó para fabricar este mito sobre él mismo. Llamar a eso "mentira" incluye un juicio moral que no comparto. La palabra "fabulación" es más justa. Kapuscinski mismo usaba la expresión "intensificar la realidad" para contar lo esencial sobre ella.
P. ¿Cómo quería él que lo viéramos?
R. En un momento de su vida Kapuscinski se dio cuenta de que tenía una experiencia extraordinaria en la comunidad de reporteros internacionales: que fue un gran testigo de la caída del sistema colonial en África, pero que, a diferencia de otros, él estuvo en más lugares y por más tiempo. Se dio cuenta de que fue también testigo de revoluciones, dictaduras, golpes de Estado y toda clase de rebeldías en América y Asia. Se dio cuenta de que estuvo cerca de grandes personajes de todo el mundo, aunque, como se suele creer, no llegó a conocerlos a todos. Lo empezaron a llamar "el reportero del siglo XX", alguien que durante la segunda mitad del siglo pasado estuvo en todas las partes donde había sucedido algo trascendente, un gran testigo. Quería que pensáramos eso. Dijo que había recorrido la ruta del Che en Bolivia, y a partir de esta frase se creyó que estuvo junto a él. En las portadas de la edición inglesa de La guerra del fútbol y de Ébano se publicitaba que había tenido amistad con el Che o Lumumba. Y Kapuscinski nunca lo corregía ni lo negaba. Cuando Jon Lee Anderson estaba preparando la biografía del Che, le preguntó si lo había conocido y Kapuscinski le dijo que eso era un error de la editorial. Pero pasaban los años y las mismas frases aparecían en las cubiertas de sus libros. Quería que lo viéramos también como a un escritor y, en sus últimos años, como a un pensador.
P. ¿Cómo entender su colaboración con el Servicio de Inteligencia de la Polonia comunista?
R. Para entender el caso de Kapuscinski es justo contextualizar cómo eran durante la guerra fría las relaciones entre el poder y los intelectuales. Fue una época en que los servicios de inteligencia usaban a los periodistas, escritores, científicos y artistas para obtener información. Por su amistad con gente del Partido Comunista pudo haberse negado a colaborar. ¿Por qué no lo hizo? Porque veía a la Polonia comunista como su patria. Era un creyente en el socialismo. ¿Cometió un pecado? Sí. En esa época no lo entendió. Sólo pudo entenderlo años después.
P. ¿Imagina a Kapuscinski acabando de leer su biografía?
R. Si él hubiera escrito una biografía de alguien, lo habría hecho de una manera similar a la mía, pero no sería feliz leyendo la suya. Después del esfuerzo que hizo durante años para esconder cosas de su vida y crear una leyenda, tal vez se molestaría conmigo. ¿Hubiese sido mejor que escribiese su biografía alguien que no lo hubiera conocido y admirado tanto?
Julio Villanueva Chang es editor de la revista literaria Etiqueta Negra. El Pais.com Marzo 3 de 2010
Gloria Ortega Pérez
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VICENTE VERDÚ
La confusión ilumina, la claridad mata
VICENTE VERDÚ 04/03/2010
¿Es el dinero una cosa y el amor otra? ¿Es la intimidad sagrada y su publicidad una profanación? Quedan aún en nuestro tiempo rémoras mentales que reproducen los fundamentos de hace más de un siglo. La oposición entre la economía y el amor, por ejemplo. Pero también la división entre la vida pública y la vida privada, entre el espíritu y la materia, entre la buena literatura y el best-seller, entre el hombre y la mujer, entre Dios y el diablo. Todas ellas son partes distintas, pero no partidas.
Cuando un coche actual se para de golpe es imposible atribuir la avería a una pieza concreta. La complejidad de la electrónica y de nuestro mundo en general, la superior importancia de la interconexión sobre las partes, de la sinapsis sobre las neuronas, de la interrelación sobre el censo de genes, ha enseñado -o debía haberlo hecho ya- que ni la crisis económica debe atribuirse sólo a la economía ni que una amistad como la de Kapuscinski y cercano discípulo, Artur Domoslawski, se movía tan sólo a golpes de corazón.
La editorial Fondo de Cultura Económica ha publicado en estos días un libro de Viviana A. Zelizer, La negociación de la intimidad, donde por si fuera todavía necesario expone (y no es la primera vez: The Social Meaning of Money, 1994) las "íntimas" relaciones que unen dinero y afecto, afán material y religión, cariño maternal y un millón de euros.
Se trata de mostrar, en suma, la complejidad de la condición humana y la burda simplificación, propia del mecanicismo decimonónico, que separa una pieza de otra pieza, un sujeto de un objeto o un amor propio de un sincero amor por los demás.
Del ensamblaje entre el querer y el requerir, entre la admiración y el odio, el agradecimiento y la venganza, está oportunamente compuesto el libro del reportero Artur Domoslawski (Kapuscinski non fiction, 2010) que, tras nueve años de aprendizaje, cercanía y lealtad respecto al genio, pone ahora en duda la moralidad de su maestro y la autenticidad de algunos textos que le hicieron ser reconocido nada menos que como "el reportero del siglo XX".
¿Traición? ¿Delirios de grandeza? Poco se entiende de la condición humana si se juzga en los términos de bien y mal. El peso del mal, el peso del bien, el peso de la justicia. Todo acercamiento de este estilo termina, como sería fácil de esperar, cayéndose por su propio peso.
Dos décadas lleva Viviana A. Zelizer, tras figuras como Pierre Bourdieu y Robert Merton, explorando los entresijos humanos donde se mezclan el vicio y la virtud, siendo entonces el pecado una ensalada mixta. La fidelidad fracasa y no es tan sólo problema del amor, el coche se para y no tiene toda la culpa el delco o las bujías, la economía fracasa y no debe atribuirse únicamente a la codicia.
El joven Domoslawski denuncia al gran Kapuscinski y no se trata simplemente de una vulgar traición. Sólo la confusión nos dice la verdad. Toda fórmula de claridad nos mata.
Fuente UN abogados
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